¿Estás a punto de emigrar y te sientes presionado a dejar todo por una vida nueva?
Yo lo estuve en 2001. Mi familia ya vivía en Estados Unidos y me esperaba, pero había un pequeño detalle: acababa de terminar mi tesis para mi licenciatura en Ciencias de la Comunicación y sentía que viajar sin experiencia sería el error más tonto de mi vida.
La propuesta de mis padres era muy tentadora, pero por ese entonces, con 23 años, no quise sacrificar mi carrera por una visa. Me parecía absurdo haber estudiado tanto para terminar trabajando en cualquier cosa.
Mis amigos me tomaron por loco al quedarme, pero esa decisión, nacida de mi propia inmadurez, fue la que me abrió las puertas al sueño americano.

«Nadie es profeta en su tierra»: nunca pude ejercer mi carrera en Trujillo, pero sí en Cajamarca, donde me cobijaron por más de cuatro años. Fue allí donde hice grandes amigos y mi visión y experiencia en el mundo audiovisual mejoró mucho, dándome la seguridad de que ya estaba listo para emigrar.
Y justo mientras escribo esta nota, recordando aquella llamada con mi madre, entiendo que quizás no fue la respuesta que ella esperaba en ese momento. Tal vez me tomó por inmaduro, pero aceptó mi decisión.
La lección que aprendí es simple: la experiencia profesional es tu mejor visa de trabajo. La base que construí en Cajamarca fue la clave para que, en un país nuevo y con un idioma distinto, pasar de Adobe Premiere a Final Cut Pro fuera solo un cambio de herramienta de 20 minutos, y no una barrera insuperable.
¿Y tú? Si pudieras darle un consejo a tu yo de hace 10 años, ¿qué «error evitado» le compartirías? Déjame tu comentario abajo.
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