¿Te suena familiar el nombre de la Bruja del 71? Hay un episodio clásico en la vecindad donde ella sale a recitar un poema y, en su afán por captar la atención de su amado, termina repitiendo «Don Ramón» en cada frase. Resulta cómico en la televisión, pero en los negocios, así nos vemos cuando intentamos forzar nuestra marca en los ojos de los demás: desesperados, repetitivos y, finalmente, ignorados.
Esta palabra, SPAM, es tan poderosa que nuestro subconsciente la detecta al instante. En cuanto sentimos que un anuncio nos «asfixia», activamos un escudo mental que nos impide comprar.
El origen: De los vikingos a tu bandeja de entrada
Aunque hoy lo asociamos con correos de bancos falsos o publicidad de dudosa procedencia, el término nació de una manera muy curiosa. En los años 70, el grupo cómico británico Monty Python hizo un sketch en un restaurante donde todos los platos llevaban una carne enlatada barata llamada SPAM. Mientras la mesera intentaba leer el menú, un grupo de vikingos cantaba a gritos «Spam, spam, spam…», impidiendo que cualquier otra conversación tuviera lugar.
Eso es exactamente lo que hacemos cuando saturamos nuestras redes sociales personales. Si vendes pan, no necesitas recordármelo en siete posts diarios en tu cuenta personal. Tus amigos ya saben qué haces; no los conviertas en los «vikingos» que terminan hartos de escuchar lo mismo.

El Spam en 2026: Una guerra de algoritmos
Si en los inicios de internet el spam era solo una molestia, hoy es una sentencia de muerte comercial. En este 2026, los gigantes como Google y Yahoo han impuesto la «Regla del 0.3%»: si solo 3 de cada 1000 personas marcan tu correo como no deseado, tu dominio puede ser bloqueado.
Ya no estamos en los 70, cuando tocar la puerta de cada vecino era la única opción. Hoy, la publicidad intrusiva es «tirar palos de ciego». Pensar que tus 2,000 amigos de Facebook, Instagram o Tik tok son tus clientes es, siendo honestos, una idea descabellada. Si vendes implementos deportivos, es imposible que a todos les interese una rodillera un lunes por la mañana. Tu mercado no es «todo el mundo»; tu mercado es tu nicho.
El Antídoto contra el Acoso Digital: Marketing de Permiso
Como bien decía Seth Godin, la mejor manera de llegar al cliente es pidiendo permiso. En lugar de invadir, invita:
- El intercambio de valor: Incentiva a que te dejen sus datos (WhatsApp o email) a cambio de un beneficio real: un descuento del 5%, un sorteo o una guía de consejos sobre cómo usar tu producto.
- La conexión post-venta: Un cliente satisfecho dará sus datos con gusto. A las pocas horas, envíale un mensaje de agradecimiento. No le vendas de inmediato; pregúntale cómo le fue con su compra.
- Contenido, no anuncios: Envíale ofertas basadas en lo que ya te compró o consejos útiles. Logra que, cuando vea tu nombre en su pantalla, sienta curiosidad y no fastidio.

De «Invisible» a «Invencible»
En nuestras redes sociales debemos ser guardianes de nuestra marca personal. Inundar el muro personal con productos vuelve tu marca aburrida e intrusiva. Para eso existen las Fan Pages o cuentas profesionales en Instagram y TikTok, donde puedes segmentar y hablarle directamente al que disfruta ir al gimnasio o al que juega en la liguilla local.
El nuevo marketing se trata de respeto. Se trata de entender que el cliente te está prestando lo más valioso que tiene: su tiempo y su atención. Si cuidas ese permiso, dejas de ser la «Bruja del 71» gritando en el patio para convertirte en la solución que tu cliente estaba esperando.
Conclusión y Llamado a la Acción (CTA)
No conviertas tu negocio en un ruido de fondo. Genera interés, haz que el cliente tenga la necesidad de preguntarte más.
¿Alguna vez has dejado de seguir a un amigo o marca porque te saturó con sus ventas? Cuéntame tu experiencia en los comentarios, ¡prometo no responderte con spam!
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