Recuerdo que una de las primeras clases que tuve en el taller de televisión, ya en los últimos ciclos de la Carrera de Comunicación, el jefe de práctica nos llevó al taller de video, donde tenía una cámara VHS sobre un trípode en medio del salón.
Todos estábamos expectantes a lo que nos tenía que decir. Quizás hablaría sobre el peligro de ser camarógrafo, la importancia de cuidar el equipo o cuál es tu rol como reportero para un canal, pero no fue así.
Luego de asegurarse de que todos estábamos atentos, empezó:
—«Esta es una cámara» —todos cruzamos miradas ante lo evidente—. «La cámara funciona gracias a la batería» —continúa y muestra la batería larga y, finalmente, la cinta VHS—. «Y esta es una cinta grabadora.»
Todos nos burlamos ante lo evidente. El profesor, a pesar de las mofas, no parecía incómodo; al contrario, disfrutaba vernos con esa seguridad.

Otra vez volvió a repetir la demostración: «Esta es una cámara que funciona con baterías y graba en una cinta VHS.»
—¡Obvio! —respondimos todos en coro, sonrientes.
—“¿Saben por qué les enfatizo esto?” —nos preguntó, mirándonos a los ojos. Nadie respondió y continuó—: «Porque, a pesar de que ustedes ven lo evidente, cuando les toque cubrir una nota importante para algún medio, tienen que preparar todo antes de salir. Tienen que tener un mínimo de tres baterías cargadas y dos o tres cintas listas para usar. Porque, por más que ustedes digan que eso no les pasará, que ustedes sí son profesionales y que eso déjenlo para los novatos, llegarán al punto de la noticia y tendrán la cámara, pero no la cinta, o tendrán la cámara con sus tres baterías, pero todas estarán descargadas.»
Suena a chiste, pero es anécdota. Estando aquí en los EE. UU., nos tocó cubrir el avant-première de “Betty la Fea” versión americana. Aquí en Dallas se había organizado una alfombra roja donde los protagonistas desfilarían para conversar con la prensa local.
Como estábamos contra el tiempo, el reportero pasó recogiendo el equipo por el canal y luego pasó por mí. Mientras él conducía, empecé a revisar el equipo. Ya eran otros tiempos; atrás habían quedado las cámaras VHS. Ahora todas eran digitales, las cintas eran Mini DV y las baterías eran más pequeñas, con un tiempo de duración más prolongado.
Las baterías estaban cargadas, pero no teníamos ninguna cinta Mini DV. El reportero se confió y agarró el maletín con la cámara pensando que dentro, como mínimo, habría alguna cinta, pero no fue así.
Recuerdo que ambos nos miramos y solo atinamos a reír. El reportero era egresado de una universidad mexicana y también había tenido la misma clase. Teníamos a unos colegas que también estarían allí y con una llamada logramos solucionar el inconveniente.
Pero a veces las malas experiencias no sólo quedan allí. Otro detalle es que puedes tener baterías y cintas listas, pero el audio es otro error que también te tocará experimentar. Me pasó en un concierto de Juanes que me tocó cubrir: las imágenes me salieron muy bien, pero se me olvidó subir el volumen del grabador.

Ahora son otros tiempos, los celulares han desplazado a las grandes cámaras. El celular ya trae todo incorporado, y aunque me niegue a reconocerlo, actualmente prefiero grabar todo con mi celular, así sea una entrevista importante o un video para mi negocio. Estos grandes cambios se dieron en 25 años.
Pero, irónicamente, la lección del profesor sigue siendo la misma: la tecnología cambia, pero la preparación es eterna. Aunque tu cámara ahora sea un celular que llevas en el bolsillo, siempre tienes que chequear la batería, el espacio de almacenamiento y, lo más importante, ¡el volumen del audio!
¿Y tú? ¿Cuál ha sido ese error «obvio» que cometiste por confiarte en tu trabajo o tu vida?
Cuéntamelo en los comentarios.