«Edwin, lo siento, cancelaremos el paquete de videos que habíamos acordado.»
Un cliente y gran amigo me daba la noticia. Llevábamos bastante tiempo trabajando juntos; yo le grababa y editaba los videos que él emitía en todas sus sucursales.
— No es nada personal, lo sabes, pero Telemundo dice que, por pagar mi publicidad con ellos, la grabación y edición de mis videos viene incluida.
— Está bien, comprendo — respondí.
Había perdido un buen cliente, pero eran otros tiempos. La televisión dejó de ser «la madre de los pollitos»; hace mucho que las redes sociales le habían arrebatado la corona. Ahora, con tal de recaudar dinero o publicidad, mandaban a sus camarógrafos a grabar videos promocionales antes que cubrir noticias.
A Edgar Peralta lo conocí cuando había empezado un proyecto llamado EmprendiendoDFW, donde entrevistaba a dueños de negocios y lo publicaba en mis redes sociales, en especial en Facebook, donde tenía más visibilidad. Las primeras entrevistas fueron gratis, pero conforme el estilo se fue dando a conocer, muchos me llamaban para ser entrevistados. Esto ya tenía un costo, pero el verdadero gancho de las entrevistas era poder dar a conocer los servicios que yo brindaba.

Solía estar ocupado todos los fines de semana y trabajé con varios negocios, grabando diversos videos. Uno de esos clientes era Edgar Peralta, un famoso quiropráctico que ya contaba con varias sucursales en la ciudad.
Después de enseñarle a manejar sus redes sociales, continuamos con los videos. La química que teníamos era muy buena; solíamos grabar por las tardes en su sede principal, cuando ya todos sus pacientes y trabajadores se habían ido. Edgar tenía facilidad de palabra, y eso me ayudaba mucho a la hora de editar.
Conforme su negocio iba creciendo, empezó a coquetear con un canal local, donde el cobro de publicidad se adecuaba a su presupuesto. Pasado un tiempo, regresé para grabar nuevo contenido para un canal diferente, donde la visibilidad era mayor y el pago de publicidad más alto, pero Edgar pudo pagarlo sin problemas. Las redes sociales seguían creciendo.
La penúltima llamada fue para armarle un nuevo presupuesto para más videos.
— Esta vez parece que ya le llego al precio de Telemundo — me dijo por teléfono.
Al poco tiempo le envié el presupuesto y aceptó. Como viejos amigos, ya habíamos armado nuevamente el cronograma de grabación. La última vez recuerdo que terminamos brindando con una copa de whisky que Edgar tenía guardada en su oficina.
Pero luego recibiría la llamada donde cancelaba las grabaciones, y lo entendía perfectamente: eran solo negocios. Telemundo Dallas necesitaba tener más auspiciadores, y ahora no les importaba buscar negocios locales. Lo que antes no se atrevían a hacer, porque solo trabajaban con grandes marcas, ahora sí lo hacían: bajaban al llano y no solo te grababan y editaban los videos, sino que lo hacían gratis.

La competencia en el mundo del contenido es brutal, ya sea contra un colega freelance o contra un gigante de los medios desesperado. Pero la lección es siempre la misma: nunca dejes de adaptarte ni de ofrecer valor genuino.
Cuéntame en los comentarios: ¿Cuál ha sido el desafío o la competencia más inesperada que has enfrentado en tu negocio?
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