«A veces hay un momento en el que estoy en el coche, cuando todo está en paz y nadie puede atraparme. En ese momento, estoy volando”.
Esa frase del protagonista de la película F1 resonó profundamente. Me recordó exactamente lo que había experimentado años atrás, cuando dedicaba mi tiempo libre a leer y a escribir. Los fines de semana, me quedaba horas en el Starbucks. Sentado en una de las mesas, con mis audífonos y mi laptop, todo era paz; en ese momento, yo estaba volando entre las escenas y los diálogos de los personajes que creaba.
Luego llegó el emprendimiento, y mi tiempo libre se ocupó por completo: ideas de negocio, lecturas especializadas, aprendizaje de marketing digital, reuniones con clientes, hacer deliveries e ir fortaleciendo lo que hoy es mi empresa. Los últimos siete años han sido de estar frente a la computadora atendiendo el negocio, grabando videos y dando presupuestos a los clientes que nos escriben a diario.
Había alcanzado el «sueño americano», ejerciendo mi carrera en tierra ajena, pero me faltaba algo. De repente, al ver la película F1, el personaje soltó esa frase: “…cuando todo está en paz y nadie puede atraparme. En ese momento, estoy volando”.
Necesitaba sentir de nuevo esa adrenalina de estar volando, pero adaptada a los cambios de los últimos tiempos. No quería embarcarme en escribir una nueva novela; en cambio, deseaba contar historias cortas. Historias que no funcionan hablándole a la cámara, a modo de TikTok o videos de YouTube. Quería contar historias que funcionan mejor escritas, relatos que el lector disfrutara leyendo.
Mi «cabina de mando» no es un auto de carrera a 300 km/h, sino el acto de escribir. Cuando estructuro una historia, mi mente se ilumina: deja de pensar en asuntos triviales y comienza a hilar anécdotas de mi carrera, a armar la estructura de cada nota con la madurez que tengo hoy.

Y justo ese sentimiento —ese «estar volando»— fue lo que me impulsó a empezar este blog, incluso cuando muchos aseguran que ese formato ya está muerto. Veámoslo así: son story times de TikTok, pero escritos. La inspiración regresó, y mi mente retoma la rutina aprendida años atrás. Sabe lo que se necesita para escribir, aleja los pensamientos e ideas que no aportan. Inconscientemente, mientras realizo el trabajo rutinario, sigue trabajando, y cada idea, frase, o recuerdo me apresuro a escribirlo en una hoja de ideas o temas, que poco a poco van tomando forma.
Apuesto por un blog porque sigue siendo una estrategia de contenido poderosa. Un blog es tuyo, te pertenece, a diferencia de las redes sociales (como Facebook, Instagram o TikTok) que son prestadas. Hay muchas historias de personas a las que les cerraron sus cuentas con miles de seguidores. Lo mío es escribir, disfruto hacerlo. Además, este formato le gusta a Google, que indexará mi contenido, enviando tráfico pasivo 24/7 a largo plazo. Porque Roma no se construyó en un día, y tengo muchas historias por contar.