Si existe una frase entre los tantos libros que he leído sobre emprendimiento que resume mi visión, me quedo con esta: «Ama el proceso y no solo el resultado».
En el libro El sutil arte de que casi todo te importe un carajo, Mark Manson recordaba que siempre soñaba con ser un cantante exitoso. Se imaginaba en estadios abarrotados, codo a codo con íconos como Freddy Mercury, David Bowie o Axl Rose. Sin embargo, pronto se percató de una verdad incómoda: él solo disfrutaba del resultado final, ese lugar donde a todos nos gustaría estar.
Manson no se veía ensayando en un cuarto maloliente con su banda, ni cargando el equipo de sonido en una camioneta vieja, ni conduciendo horas para llegar a un bar que les permitiera tocar gratis. No disfrutaba el desgaste de garganta por dos horas de show para recibir, a cambio, un par de aplausos de una concurrencia escasa y unas cervezas calientes como único pago. El proceso real implicaba desmontar el equipo a las dos de la mañana y regresar a casa al amanecer, sin un peso en el bolsillo y con la incertidumbre de cómo pagar el alquiler.
Te parecerá injusto porque hoy vemos a las grandes bandas en jets privados y mansiones. Pero ignoramos las precariedades que atravesaron en las trincheras para convertirse en rockstars.

Pasa lo mismo en nuestra carrera de Comunicaciones. Decidiste estudiar esta profesión porque viste la «foto final»: el periodista exitoso dando seminarios, el influencer reconocido o el director audiovisual de grandes comerciales. Pero te falta lo principal: dar el primer paso y abrazar el proceso. Tienes que grabar tus primeros comerciales fallidos, editar videoclips que nadie verá y escribir tus primeras notas con errores. Debes meterte en ese mundo al que quieres pertenecer, conocer a las personas clave y lograr que vean tu trabajo para que, cuando surja la oportunidad, piensen en ti.
Es un camino largo que la mayoría evita; prefieren el premio listo sin haberlo merecido.
Cuando llegué a los Estados Unidos, mi entorno me decía que aquí no podría ejercer mi carrera. Yo mismo lo creí y me limité. Pero la vida envía señales. Desde que estaba en Perú, siempre supe que la clave es conectar con las personas correctas: aquellos que, como tú, hacen las cosas porque les nace, sin necesidad de un gran canal detrás.
Al poco tiempo, ya estaba escribiendo en una revista digital y entrevistando artistas. Luego conecté con un canal comunitario y una pequeña empresa que promocionaba conciertos en Dallas. Todo el trabajo era ad honorem. No había pago, pero había visibilidad. Así fue como terminé en fotos con Juanes, Julieta Venegas, Café Tacvba, Zoé, Molotov y hasta algún reguetonero. Trabajar en medios independientes te abre puertas con empresarios y figuras del medio.
Para cuando me di cuenta, ya me pagaban por entrevistar artistas, editar y publicar en redes sociales. ¿La clave? Disfrutaba el proceso. Y como toda historia tiene sus etapas, antes de que ese ciclo terminara, yo ya estaba listo para mis proyectos personales. Tenía la experiencia, la confianza y los contactos.

Ahí empezó mi romance con el emprendimiento. Las redes sociales fueron mi plataforma y el marketing digital tocó mi puerta; le invité un café y, hasta la fecha, mantenemos una excelente relación. Sigo ejerciendo la carrera que elegí a los 17 años y sigo amando el proceso.
«Quizás me convierta en un ‘mini super star’ de algún bar, porque hace un año cumplí otro de mis grandes deseos: aprender a tocar la armónica. Y lo increíble es que, después de 25 años de carrera, vuelves a ser alumno, a dar tus primeras prácticas y a aceptar que vas a sonar mal antes de sonar bien.
El proceso de aprendizaje es largo y, a veces, frustrante. Pero, citando de nuevo a Manson, hoy estoy más enamorado de ese camino que del aplauso final. Si quisiera una foto de ese momento cumbre, sería posando junto a Rafael Salgado, ‘El Wea’, armonicista de El Tri. Lo mejor de todo es que sé que el sueño es posible: soy amigo del sonidista de la banda y ya es mi ‘cómplice’ para que, cuando pisen Dallas, pueda conocer a mi ídolo.
¿Por qué te cuento esto en un blog sobre comunicación y marketing? Porque en este mundo tan competitivo, la mejor estrategia no es solo saber más que el resto, sino tener la humildad de seguir siendo aprendiz. Tu marca personal no se construye con el éxito de ayer, sino con la pasión que le pones al proceso de hoy.
Al final, mi carrera y mi armónica tienen algo en común: si no amas el ensayo, nunca disfrutarás el concierto. Yo sigo aquí, disfrutando de cada nota, conociendo a las personas correctas y entendiendo que el verdadero éxito no es llegar a la meta, sino no querer bajarse nunca del camino.»