Por qué publicar un post me dio más miedo que escribir novelas

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Por qué publicar un post me dio más miedo que escribir novelas

—¿Y qué te parece lo que escribí?

Me lo preguntó un chico en Dallas que me contactó al saber que acababa de publicar mi segunda novela. Antes de recibir sus textos, fui honesto con él: le pregunté si buscaba ayuda profesional o solo un «apoyo de compadrazgo». Él aceptó el rigor.

Sin embargo, al empezar la lectura, me percaté de que eran sus primeros pasos en la escritura. Traté de ser indulgente; en este oficio, si el autor acepta las primeras observaciones, vamos por buen camino. Pero no fue así. No aceptó ninguna sugerencia constructiva y se marchó molesto.

Recordé entonces a mi primer maestro en Cajamarca, allá por el 2003, quien me advirtió: «De cada diez que piden ayuda, solo dos regresan o aceptan la crítica».

La literatura es un universo inmenso, pero la esencia de escribir —ya sea una novela, un guion para un documental o una nota para un blog— es la misma. El primer consejo que siempre doy es: escribe todo primero, corrige después. En la «vieja escuela» aprendimos a cazar palabras repetidas, a darles ritmo a los diálogos y a entender que las comas y los puntos son los pulmones del texto. Aprendimos, sobre todo, a dejar de lado las palabras técnicas. No escribas para «apantallar» o sonar intelectual; busca palabras de a centavo para conectar de verdad con el lector.

Una de las grandes ventajas de aquella formación es entender el valor de la mirada ajena. Mis tres novelas publicadas no salieron al mundo solas; pasaron por el filtro de tres expertos que desmenuzaron la gramática, la trama y el perfil de mis personajes hasta dejarlos impecables.

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Siempre encontrarás a una persona con más experiencia dispuesta a ayudarte si quieres crecer en cualquier ámbito de tu carrera.

Hoy, mi proceso ha evolucionado. Sigo siendo un fiel creyente de la corrección, pero ahora mi aliada es la tecnología. Uso a Gemini para pulir mis notas, interactuando con la inteligencia artificial para que el texto final sea lo mejor posible. Es la evolución natural de un comunicador que no se queda estático.

Pero al final, después de la corrección, llega el momento de la verdad: el botón de «Publicar».

Da igual si llevas 25 años en esto o si estás empezando tu marca personal; el miedo siempre asoma la cabeza. Nunca estarás totalmente satisfecho con tu primera, segunda o tercera nota, pero esa es la única forma de ganar experiencia.

Mi consejo para ti, que quieres dar el paso, es simple: deja el ego de lado, acepta la corrección (venga de un mentor o de una IA) y lanza tu mensaje al mundo. El océano azul de tu marca personal te está esperando, pero solo llegarás a él si te atreves a navegar.

«Como aquel chico en Dallas, todos hemos sentido ese miedo a la crítica, pero la diferencia entre un comunicador y un espectador es la capacidad de aceptar que siempre somos aprendices. No dejes que el síndrome del impostor silencie tu historia. Si este post te dio el empujón que necesitabas, compártelo con alguien que también necesite dejar de sobrepensar y empiece a crear.«

Más artículos en el Blog de Crónicas de un comunicador.

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