¿A dónde iba el bus de los músicos? Lo que la radio me enseñó sobre el marketing moderno

¿A dónde iba el bus de los músicos? Lo que la radio me enseñó sobre el marketing moderno

Recuerdo que, cuando era niño, aún sin entender cómo funcionaba la radio, creía que los grupos o cantantes iban de estación en estación para tocar sus canciones. Me los imaginaba a todos subiendo a un bus para presentarse, una y otra vez, de radio en radio. Sin embargo, al escuchar la misma melodía en dos o tres frecuencias distintas al mismo tiempo, descarté la idea del bus; era imposible que estuvieran en tres lugares a la vez. Más tarde comprendí la magia detrás de las emisoras, el valor de un disco de vinilo y la mecánica del cassette. Aquella inocencia infantil sobre el funcionamiento de las cosas es un proceso que, con el tiempo, va tomando forma: no entiendes la complejidad, pero disfrutas plenamente de los beneficios.

Pero al crecer, uno no puede permitirse desconocer ciertas reglas. Como dice el dicho: «el que no sepas las leyes no significa que no debas cumplirlas». En el mundo de un comunicador, nos corresponde aprender y profundizar en temas específicos. Si no comprendes algo, existen diversas formas de averiguarlo; lo mínimo es tener una noción. No soy amante del fútbol, pero sé quién es Messi y me entero de sus logros o de cómo se disputan las eliminatorias de la Champions League. No me hace un experto, ni aporta algo útil a mi carrera, pero me mantiene informado y me entretiene. Del mismo modo que pongo atención a un tema futbolístico, he decidido volcar ese interés en lo que me hace crecer como profesional.

El celular se ha convertido en el compañero ideal para muchos creadores de contenido.

En la actualidad, he dejado de obsesionarme con la calidad de las últimas cámaras de video. Mi rubro ha evolucionado; ahora grabo todo con el celular en 4K y, con una buena iluminación, me basta para editar en CapCut. En mi negocio actual, el objetivo es mostrar el trabajo de personalización de prendas que realizamos para otros dueños de negocios, y para ello no es imperativo invertir en una cámara Sony de tres mil dólares.

No obstante, tener un negocio establecido no implica sentarme a esperar que camine solo. Me toca aprender nuevas formas, informarme sobre cómo evoluciona mi sector y monitorear diariamente las promociones pagadas en Meta. Leo sobre cómo mejorar la marca personal del negocio y trato de perfeccionar mis hábitos (por cierto, les recomiendo el libro Hábitos Atómicos). Como todos los días tratamos con clientes por mensaje o llamadas, es vital conocer sus personalidades. Muchos perfiles se repiten y para entenderlos hay un libro excelente, Rodeado de idiotas, donde el autor clasifica las personalidades en colores, enseñándote cómo tratar a cada persona según su tipo.

Hábitos Atómicos y Rodeado de Idiotas son dos libros que recomiendo si quieres mejorar tu marca personal.

Ser tu propio jefe ofrece ventajas, pero sigues dependiendo del jefe más exigente: el cliente. Por ello, hay que aprender constantemente sobre ventas y retención. En marketing, es mucho más rentable venderle más a un mismo cliente que convencer y ganar uno nuevo. Cuando logras que el 40% de tus clientes regresen con frecuencia, puedes decir que estás realizando un buen trabajo.

Escribo esta historia recordando a aquel niño inocente que creía que los músicos vivían dentro de la radio. Desconocía lo que sucedía en la realidad, pero hoy, en la madurez, me apasiona saber cada vez más sobre el rubro en el que me desempeño.

A mis casi 50 años disfruto seguir aprendiendo. Adoro la carrera que elegí. No hay un solo día en que este comunicador no ponga en práctica lo aprendido —ya sea en el mundo audiovisual o en la redacción—, pero sobre todo, en el marketing digital y las ventas.

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