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La Ley de Newton en los negocios: Por qué el trato a tu equipo define tu éxito (y tu fracaso)

Ley de Newton en los negocios

La Ley de Newton en los negocios: Por qué el trato a tu equipo define tu éxito (y tu fracaso)

Despedir a alguien es horrible. Pero en el ecosistema de un negocio, ignorar las dinámicas que fracturan la colaboración interna es un error que cuesta caro. Cuando miras los problemas desde fuera, te transformas en un juez implacable; crees que tú lo solucionarías en un dos por tres. Es como cuando ves a un niño hacer un berrinche en plena calle y, en vez de reprenderlo, la madre trata de apaciguarlo de buena manera, lo que es como echarle más combustible al fuego: el niño acrecienta el escándalo y tú dices que si fuera tu hijo, de dos nalgadas lo pones en su sitio. Sin embargo, solo hasta que tienes un hijo sabes que es muy fácil decirlo cuando estás del otro lado, y no cuando eres el protagonista de la historia.

Estar en la arena, asumiendo el costo de proteger la salud de tu empresa y tu paz mental, es otra historia. Esta es la crónica de las decisiones difíciles que te impone el liderazgo y de por qué la equidad en la realidad del día a día no se puede negociar.

Le llamaremos María a esta chica. En su momento, ella aprendió a sacar adelante el trabajo. Le tomó tiempo aprender, y quien escribe tuvo paciencia para enseñarle, pasar por alto los errores que cometía y ser indulgente para acoplarse al horario que ella tenía. María llegó a entender muy bien el negocio que tenemos junto a mi esposa: solía responder llamadas, dar estimados a los clientes, enviar logotipos y conversar con nuestro diseñador para darle las indicaciones requeridas para que sus playeras personalizadas quedaran bien.

Ley de Newton en los negocios
A veces el orgullo nos arrastra a elegir la peor opción.

Pero a veces, las personas confunden la amistad con el rango en el negocio. María empezó por traer los problemas de casa al trabajo. Cuando venía de malas, al saludo de buenos días, su respuesta era solo un murmullo. Pero el principal problema aparecía cuando contratábamos a una segunda persona para ayudar con los pedidos. Les hacía cometer errores o las instigaba para que se aburrieran rápidamente y ellas mismas abandonaran el puesto. No podía trabajar en equipo; toda persona nueva la tomaba como una competencia y buscaba la manera de aburrirla.

Ya teníamos quejas con la última chica que nos ayudó. María prometió cambiar, pero no cumplió su promesa. La nueva chica que había llegado aprendió muy rápido; así que, antes de que decidiera irse por el mal ambiente, preferimos despedir a María, quien era la raíz del problema. Había convertido el local en un lugar tóxico donde los dueños no lo eran. Hay un detalle con este perfil de personas, y es que nunca aceptan su responsabilidad: siempre se victimizan y los demás son los culpables de los problemas, menos ellos.

Y no fue un despido agresivo. Le dimos la opción de regresar al trabajo aceptando que, en adelante, el trato sería igual para ambas. No habría señorías ni tendría por qué mandarle o reclamarle a su compañera sin un verdadero motivo. La otra opción la tomaba ella de no regresar. No es necesario explicar el final. María prefirió quedarse en casa o buscar otro trabajo antes de aceptar un trato igualitario con su nueva compañera.

Ya llevamos dos meses sin contar con el apoyo de María, y la producción del negocio ha aumentado, a raíz de que la nueva trabajadora cuenta con más tiempo para trabajar horas extras. Por cierto, su meta a corto plazo es comprarse un auto nuevo, uno más pequeño y que consuma menos gasolina, ya que vive a una hora del negocio.

En lo personal, la vida de un inmigrante aquí en los Estados Unidos es más dura que en nuestros países. En más de tres oportunidades fui despedido de trabajos por nepotismo. Pero al poco tiempo ya estaba en uno nuevo y, por lo general, al trabajo donde llegaba me quedaba por largo tiempo. En mi último empleo duré cinco años, y no estuve más tiempo porque mi negocio de medio tiempo había crecido mucho y ya requería tomar una decisión. Tenía que elegir entre continuar trabajando para alguien o dar el paso a ser completamente autónomo. Decidí lo segundo, y ha sido la mejor decisión que he tomado. De cada jefe que he tenido he aprendido algo que me ha ayudado a no cometer tantos errores cuando ya te toca ser el líder de tu compañía.

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Los mejores proyectos a veces se derrumban por egos del mismo equipo de trabajo.

Si lo pasamos al ámbito de la carrera de Comunicaciones, si algo aprendí en ese mundo, es que los proyectos más brillantes fracasan cuando el ego y la falta de compañerismo dinamitan al equipo desde dentro. No importa qué tan buena sea tu estrategia o qué tan llamativo sea tu producto; si tu cultura interna está rota, estás construyendo sobre arena. En el mercado actual, la evolución del marketing nos demuestra que la mejor manera de resaltar es diferenciarse a través de la autenticidad de tu propia marca personal. Y tu marca personal no es solo lo que le vendes al cliente hacia afuera; es la integridad con la que juegas en la arena cada día.

Somos humanos y podemos cometer errores, pero el tratar mal a tus compañeros o trabajadores no es un error involuntario: es una decisión que tú tomas. Y por desgracia o fortuna, esa decisión siempre tiene consecuencias. Como decía Newton: toda acción tiene una reacción. Si decides sembrar hostilidad en tu entorno, la física de la vida se encargará de regresarte el impacto.

Puedes leer más artículos en Crónicas de un comunicador.

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