Desde el quinto ciclo en la universidad empezamos a llevar cursos sobre el tema. Teníamos una profesora de publicidad que era absolutamente absorbente; no puedo negarlo, la odiamos con pasión por aquellos días. Hoy, le estoy eternamente agradecido.
Ella fue la única maestra que, a días de terminar la carrera, nos regaló la frase exacta que me ayudaría a conseguir mis primeros trabajos.
Pero, ¿por qué odiaba el marketing y cómo terminé recriminando a mi «yo» de los noventa? Sencillo: porque el marketing salvó mi carrera. Pasar del odio al amor tiene una explicación lógica.
A finales de los noventa, el marketing estaba enfocado en promocionar negocios en televisión, radio o medios impresos. Los dos primeros eran intocables; sus tarifas por un comercial estaban por las nubes. Además, eran medios masivos a ciegas: no podías medir ni podías segmentar a tu público.
El medio impreso se medía por tiraje. Invertir en cualquiera de los tres implicaba pagar una fortuna y esperar sentando, un mes entero, para ver los resultados. Una ruleta rusa muy cara para obtener retornos que casi nunca eran los deseados.

En las aulas siempre nos hacían pensar en campañas para grandes corporaciones. Si intentábamos aterrizarlo a las pymes, meter un spot de televisión elevaba los costos al delirio: cámaras, actores, locutores y productoras. El spot de radio era más accesible, pero igual requería un buen estudio de grabación y un guion atractivo.
Los diarios ayudaban con sus avisos clasificados y las revistas locales ofrecían tirajes de mil a cinco mil ejemplares. Pero el gancho del tiraje venía con una duda eterna: ¿cuántos clientes reales verían tu anuncio de verdad? Tocaba esperar.
La vida me llevó por el mundo audiovisual, tanto en Perú como en Estados Unidos, pero con la llegada de las redes sociales todo cambió. Fue un antes y un después.
Las redes sociales llegaron para democratizar el marketing y darle visibilidad al pequeño negocio. Facebook lideró la marcha; dejó de ser una simple red social para convertirse en el mejor canal de ventas.
De pronto, el video que hiciste para un negocio pequeño y que jamás habría tenido presupuesto para televisión, podías subirlo a YouTube, pegar el enlace en tu muro de Facebook y meterle publicidad de pago.
Al poco tiempo, Facebook integró el video nativo y los iPhone permitieron grabar en HD. Nada de lo que aprendí en las aulas universitarias seguía siendo válido. Me tocó bajar a las trincheras y actualizarme.
Empecé a devorar libros de emprendimiento. Me convertí en fanático de Seth Godin, Donald Miller, Mike Michalowicz y Michael E. Gerber. Sus páginas, hermanadas con el marketing digital, me hicieron adorar esta carrera.
Hoy, gracias a la segmentación en Meta, puedes llegar a un público específico. Pagas publicidad por un video que tú mismo grabaste con tu celular, le sumas un copy vendedor, y los interesados te envían un mensaje directo a WhatsApp.

Monitoreas tus campañas en tiempo real desde Meta Ads Manager. Si el costo por clic es elevado, cancelas el anuncio a los pocos días, cambias el texto, subes un nuevo video y ves resultados en pocas horas.
Pasa algo parecido y quizás mas detallado con Google Ads, quién te ayuda a segmentar mejor tu público de acuerdo a la búsqueda de palabras clave que tengan que ver con el rubro que tienes. Google es un mundo, te posiciona en el mundo digital. Una vez leí una frase: si tu negocio no está en internet (tu página web) tu negocio no existe. Y es verdad. Todo cliente antes de comprar te busca en Google businnes, quiere ver las opiniones de los clientes que han comprado tu producto o servicios. Y cuando juntas la experiencia en Google con el conocimiento en Meta. Los resultados son muy positivos para tu marca personal, producto o servicio que ofreces.
Odiaba el marketing porque mi sueño de esa época era ser escritor y periodista en medios impresos. Hoy, esos diarios están cerrando, pero el marketing sigue más vivo y actualizado que nunca. Sigue evolucionando, da resultados y, si quieres mantenerte vigente, tienes que estar al tanto de sus innovaciones.
Ahora es el motor de mi vida y de mi carrera. Sigo escuchando podcasts, leyendo libros y conversando con amistades sobre cómo incorporar la inteligencia artificial. En esa evolución, tengo a Gemini como mi principal aliado, tanto para mis negocios como para este blog.
Larga vida al marketing digital.
Al final, en este mundo hiperconectado, tu producto no le interesa a nadie; lo que la gente compra son verdaderas transformaciones. Y la única forma de lograr que se queden contigo es sabiendo contar tu historia. Si estás listo para dejar de ser invisible en tu sector y quieres aprender cómo la evolución del marketing digital y el poder de tu narrativa pueden impulsar tu negocio, acompáñame en este viaje. Suscríbete y conversemos todas las semanas de igual a igual. El registro es gratis, el valor que te llevas no tiene precio.»
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